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Lógica consciente desde la perspectiva de la Astrología Psicológica

22/01/2016

 

Tiendo a pensar que los principales problemas de la humanidad como especie parten de la lógica con la cual nos pensamos y sentimos a nosotros mismos y al mundo. 

Los seres humanos acordamos colectivamente, desde la función del cerebro que se encarga de ello, lo que llamamos habitualmente yo, que somos entidades separadas las unas de las otras, lo que en última instancia serían objetos. Esta lógica implica una modalidad de interacción y construcción de la realidad fundada en la lucha de poder entre posiciones, la competencia, la posesividad, la ambición, el apego y demás, que son la base de las dramáticas humanas a través de los tiempos. Dramáticas generadoras de sufrimiento y destrucción que no hemos logrado nunca resolver.

 

El punto es que estos problemas no tienen solución posible dentro de la misma lógica que 

estructuralmente los contiene y los provoca. La respuesta al problema, o aprendizaje necesario, no puede, en este caso, encontrarse en el mismo nivel en el cual el problema se plantea. Entonces solo sería posible encontrar la solución a estos problemas en una nueva lógica.

¿Podremos acceder a una nueva lógica para pensarnos y sentirnos a nosotros mimos ya no como meros objetos sino como información que circula en la red de la existencia? 

Esta lógica diferente implicará, obviamente, otra modalidad de interacción entre seres humanos que, podríamos considerar, como más “amorosa”. Tal vez así, podamos desarrollar  una comprensión de la realidad más acorde a las necesidades planetarias de hoy.

 

Investiguemos un poco de dónde viene la idea de ser objetos.

 

Un ser humano es un sistema complejo que excede a la habitual idea de “yo” que manejamos 

cotidianamente para dar cuenta de lo que somos. Este postulado se apoya tanto en la Psicología que propone un modelo de ser humano con determinaciones inconscientes que exceden las del yo consciente, como en la Astrología que postula una estructura energética subyacente (y en correpondencia con el Cosmos) a la estructura psicológica. Sin embargo nos percibimos a nosotros mismos básicamente como meros “yoes” porque es desde esa función del ser desde la cual, justamente, nos percibimos. 

 

Demos un rodeo para pensar un poco acerca de este  yo que postulo antes de continuar. 

Podemos decir que un ser humano es, en un plano o nivel, un cuerpo, esto es, una entidad 

material ubicada en un determinado espacio-tiempo. Este cuerpo incluye como órgano central 

para su funcionamiento un cerebro: tejido celular específico (neuronal) de alta complejidad. Un cerebro-cuerpo, que estructuralmente existe en permanente intercambio con otros cerebros-cuerpos,  produce un “yo” (en el mejor de los casos, cabe aclarar, diversas son las tempranas vicisitudes que un ser humano puede atravesar para que esta función ni siquiera llegue a construirse en forma acabada) que voy a definir, en principio, como el complejísimo circuito neuronal (esto es información química que circula a través de las neuronas de acuerdo a un patrón) que  registra, inscribe o conserva en lo que denominamos memoria un conglomerado de datos acerca del cuerpo en el que tiene lugar ese circuito neuronal.

La construcción de este circuito conlleva un largo proceso interactivo, es decir, que se produce en el interior de la “manada” humana o sociedad. Así, cada yo será producto o resultado de una compleja interacción social.

 

Someramente podemos decir que un cuerpo inmerso en la manada recibirá a través de los 

sentidos la información circundante ante la cual se despertaran sensaciones. A través del proceso o función que denominamos memoria, las sensaciones que se producen en ese cuerpo como reacción a su “ser-estar” en el mundo, se registrarán o conservarán y se irán organizando de acuerdo a si resultan placenteras o displacenteras, es decir, si gratifican o no al cerebro que las registra (por ej, la sensación de hambre que genera un determinado circuito neuroquímico displacentero y que se aplaca con la ingestión de alimento generando un nuevo circuito neuroquímico placentero). 

Estos primeros registros o marcas sensoriales constituyen las bases para que el cerebro construya una imagen del cuerpo que lo contiene a partir de las imágenes que percibe de los otros cuerpos en la manada (proceso de identificación-desidentificación, estadio del espejo de Lacan). Así, el cuerpo como entidad material biológica termina siendo a su vez, una idea-pensamiento, realidad inmaterial-imaginaria, un cuerpo-imagen reflejo del cuerpo material conservada en la memoria (lo que en psicoanálisis se denomina narcisismo). 

A esta imagen se unirá un relato verbal más o menos lineal, además del nombre que “le ha sido puesto” a ese ser, que organizará en forma de historia las experiencias atravesadas por ese cuerpo en su ser-estar en el tiempo-espacio. El yo será entonces también, aquella función del ser que registra en la memoria las vivencias que el cuerpo atraviesa transformándolas en experiencias-recuerdos.

 

Así, el “yo” es una idea-pensamiento-constructo mental, que se vuelve sobre sí mismo, se piensa a sí mismo. Es pensamiento-idea acerca del cuerpo que piensa. El cuerpo se piensa (a través del cerebro que es el órgano del cuerpo que posee esta facultad) y con ese pensamiento crea tiempo mental, es decir, se recuerda en el pasado y se proyecta en el futuro. De esta manera, el ser humano deja de ser meramente un cuerpo material presente en un determinado espacio-tiempo y pasa a ser también las ideas que ese cuerpo genera acerca de sí mismo y lo que lo rodea. Un animal mental.

 

Esta complejidad estructural del ser humano trae diferentes consecuencias que la psicología 

moderna ha investigado discriminando lo que consideramos como psicopatologías e intentando curarlas. Sin embargo, en este ensayo no apunto a investigar lo psicopatológico, sino, la lógica de funcionamiento en la que estamos inmersos como especie y las consecuencias que conlleva a pesar de no ser consideradas socialmente como patológicas. 

La manada humana, que en términos zodiacales simbolizamos con el signo de Cáncer, establece acuerdos perceptivos a partir de los cuales crea la realidad. El acuerdo básico es aquel que hace que cada cuerpo se perciba como una entidad u objeto autónomo discriminado de los demás, una especie de círculo cerrado que posee un “interior” claramente separado del “mundo exterior” habitado por otras entidades u objetos. Esta es la función principal del yo, que, evolutivamente ha posibilitado el desarrollo de diferencias y singularidades al interior de la manada, lo que en Astrología simbolizamos con el signo de Leo.

 

El psiquismo entonces se organiza con un centro coherentizador de la información desde las 

cualidades zodiacales del tramo Cáncer-Leo. La consciecia no acede con facilidad a la comprensión de las cualidades que se expresan en el zodíaco más allá de este punto.

Este psiquismo organizado en lo que denominamos lógica del objeto se constituye como una 

entidad identficada con determinadas tendencias, con ciertos deseos y necesidades y percibiendo a los otros también como entidades objetalizables. Se siente un yo capaz de controlar-modificar el entorno a su antojo, incluso otros seres humanos. Toda la dinámica del poder, la posesividad, la ambición, la competencia, los celos, el dominio, la destrucción que cada día como humanidad ejercemos sobre otras especies, está basada en la creencia de que somos entidades separadas que podemos lograr lo que nos proponemos, punto en el cual los otros serán percibidos como objetos que me “sirven” o no para cumplir con mis objetivos. 

Esta lógica funciona así, no tiene salida. Es inútil tratar de resolver los problemas en este plano. Por lo tanto, la única respuesta posible es crear un nuevo nivel lógico. 

 

Entonces, tal vez sea hora de repensar el ser y darnos cuenta de que el yo, la identidad, no puede ser un objeto-entidad cristalizado y cerrado, sino que la identidad inmaterial producto de cada cuerpo es un flujo de información interactiva, esto es, vincular. Se encuentra en el “entre” más de uno y es siempre nueva. 

 

El ser humano es producto de una trama vital en permanente circulación, en permanente estado de muerte-vida. Si soy parte de una red no soy una entidad, en todo caso, en tanto entidad seré un canal a través del cual circula información.Para que esta idea se instale entre nosotros, tal vez podríamos comenzar a hacernos algunas preguntas en el vínculo mismo:

¿Soy un objeto o soy información? ¿El otro para mí es un objeto o es información?

¿Me dejo informar por el otro o lo manipulo incoscientemente para conseguir los deseos que me gratifican en función de mis proyectos?

¿Me ofrezco al otro como información, es decir, me abro sinceramente a dejar circular 

pensamientos y emociones o hago permanentes estrategias para lograr los objetivos que me 

plantee, incluso de manera muy sutil solo para ser querido o aceptado?

Si el otro es información para mí y yo soy información para el otro, no hay nada que temer. No 

seré atacada, ni dominada, ni controlada por ese ser, sino que gracias al vínculo que 

establezcamos posibilitaremos una circulación fluida de información en la red. En esta lógica no hay juicio, no hay correcto o incorrecto, no hay dominio ni control posible. Pero requiere renunciar a las certezas, a la ilusión de saber quien soy. Requiere bajar las defensas de lo que creo ser, superar niveles de paranoia intrínsecos a esta lógica del sentir.

 

Tal vez ese es el trabajo consciente que hoy necesitamos hacer.

 

Si podemos pensar la metáfora de que cada ser humano es una neurona que hace a una 

inteligencia más amplia (el tejido nervioso o cerebro) quedamos obligados a asumir la 

responsabilidad de hacer fluir información, no defender posiciones estáticas. Si dejamos que la consciencia se siga identificando con una entidad fija y separada que defiende una posición, 

estaremos generando una arteroesclerosis planetaria.

Creo que hacia allí va la evolución de la consciencia, que cada ser humano pueda sentirse canal de información circulando en red. Pasar de la lógica de los objetos a la lógica de la información. Un salto de Leo a su opuesto complementario polar: Acuario. 

 

Para ello, el paradigma Astrológico, deviene una manera de pensar y sentir la realidad fundamental. Es este lenguaje el que nos puede permitir sentirnos y pensarnos como canales a través de los cuales circula información humana buscando complejizarse. La carta natal es la prueba más contundente, si nuestro esceptisismo estructural aún las necesita, de que somos parte de una vasta trama de información interconectada con el cosmos y entre cada uno de nosotros.

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